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Versos de mujer

A riesgo de llevarme una merecida reprimenda, por hacerlo sin permiso, bajo el Desnudo acostado de Modigliani, me otorgo el privilegio de presentar aquí uno de los versos de una extraordinaria poeta erótica que admiro profundamente: Lucía Conde Parmés. Pensándote a solas Tumbada en esta alfombra yo te pienso desnudo mientras juegas con mi sexo. . Imagino tus dedos incansables apartando mis labios suavemente para entrar en mi cuerpo con tu lengua. . Tumbada en esta alfombra te imagino con barba de tres días, fatigado, después de una batalla interminable que no hemos dado aún por terminada. . Tu lengua moja todo ávidamente; soy río que precisa navegante. Tus dedos son la seda que despierta los montes que hay en mí en ligero roce. . Tumbada en esta alfombra yo te llamo y el eco me devuelve a mí tu nombre… Aún sola me resigno a que mis manos sean protagonistas de esta historia. . El blog de Lucía Conde es una delicia para los sentidos, las emociones y el pensamiento que no puedes dejar …

Pesadilla con final feliz… o no

La mañana amaneció triste. Teñida del color gris con el que se pintan los días en tu ausencia. Fuera la lluvia golpeaba persistente el cristal de la ventana cuando mi amigo se levantó y anduvo lo justo para dejarse caer en el sofá… No, no parecía que esta última hubiera sido una de sus memorables noches de pasión… Preparé café para los dos. Le ofrecí una taza y me ofrecí a mí mismo para escucharle. -¿Qué te ocurre, amigo? -Pregunte. Me contó que había tenido una pesadilla terrible. Creía haber muerto… que era un fantasma. Te veía; pero tú a él no. Intentaba tocarte; pero no le sentías… Se desesperaba pensando que nunca más podría sentir la emoción de estrecharte entre sus brazos, acariciarte, besarte… Que estabas sola y era imposible para él hacer que supieras que estaba junto a ti… Lloraba, y las lágrimas empañaban sus ojos como la lluvia los cristales de la ventana… Dicen que los sueños nunca acaban mal, por horribles que sean, aunque sean auténticas pesadillas, porque uno se despierta …

Verde que te quiero verde

De forma inconsciente ha brotado en mi memoria el verso de García Lorca cuando me he encontrado con el retrato de esta mujer. Poco he podido saber de ella. Tan solo que se llamaba Juliet y era la hija de un pintor, Richard H. Fox, amigo -quizás- del autor del cuadro (un cuadro que pertenece a la Laing Art Gallery): Alfred Lambart. Pero he quedado prendado de ese color verde… el verde de su vestido, de sus zapatos, de los libros sobre la alfombra. Y de su pelo rojo… Y de la piel de su cuello, de sus brazos y de su pierna. Y de su postura informal… que me invita a soñar con ella mientras su mirada se cruza con la mía.

Contemplación

Me hallé mirando tu desnudez mojada; el agua por tu rostro, el agua por tu pecho intrépida bajaba. Como si acaso fueras por ella poseída y un hálito indecible me arrebatara vida. Uní junto a la tuya, mi desnudez ardiente; el agua entonces fría, acarició mi frente, me acarició la carne y el alma ardiente daba consejos que a mis manos fogosas ordenaba. Vagué por tus perfiles, vagaste por los míos, sentimos deshacerse nuestros profundos fríos. Mientras que escurridiza y cual testigo muda el agua nos brindaba su erotizante ayuda. Contemplación, de Francisco Argenteo (Colombia, 1962), en Triana Arts Imagen: Alexander Shubin, tomada de Uno de los Nuestros