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Cuando no estás

Para estar solo no es necesario ser aquel caminante sobre el mar de nubes que pintó el romántico alemán Caspar David Friedrich en 1818. Tampoco hace falta formar parte de un cuadro de Edward Hopper. …O de una fotografía de Richard Tuschman, que deja de lado el pincel y la pintura para reinventar con su cámara los cuadros del pintor neoyorkino en su proyecto “Hopper meditations”. Puedo estar rodeado de una multitud, como Wally, incluso, y tan perdido como él; pero sentirme absolutamente solo cuando no estás tú. Por eso, cuando tú no estás y te necesito, como en la canción de Albert Hammond y Carole Bayer Sager, que compusieron la música y la letra respectivamente, en 1976: “Cierro los ojos y estoy contigo“. When I Need You alcanzó la fama y el primer lugar de las listas de éxitos británicas y estadounidenses aquel mismo año 1976 en la voz de Leo Sayer. No es cuestión de establecer comparaciones ni, mucho menos, de organizar un concurso… Es, simplemente, que no me canso de escuchar esta …

El poder de la música

Es fascinante el poder evocador de la música. Cuando no estás me basta con cerrar los ojos y escuchar alguna de esas melodías que tú y yo hemos oído abrazados… …Y ya estás conmigo. *La primera pintura, Kindred Hearts, es obra del estadounidense Mark Arian. La última, El abrazo, como queda dicho al pie, del ecuatoriano Santiago Carbonell. La cálida bielorrusa Tatyana Ryzhkova interpreta a la guitarra una de mis composiciones preferidas, la Fantasía sobre motivos de la Traviata de Verdi, que suele atribuirse a Francisco Tárrega, uno de los más grandes compositores románticos españoles; aunque -según acreditados historiadores- es obra de otro gran guitarrista y compositor español y andaluz: Julián Arcas.

Versos de mujer

A riesgo de llevarme una merecida reprimenda, por hacerlo sin permiso, bajo el Desnudo acostado de Modigliani, me otorgo el privilegio de presentar aquí uno de los versos de una extraordinaria poeta erótica que admiro profundamente: Lucía Conde Parmés. Pensándote a solas Tumbada en esta alfombra yo te pienso desnudo mientras juegas con mi sexo. . Imagino tus dedos incansables apartando mis labios suavemente para entrar en mi cuerpo con tu lengua. . Tumbada en esta alfombra te imagino con barba de tres días, fatigado, después de una batalla interminable que no hemos dado aún por terminada. . Tu lengua moja todo ávidamente; soy río que precisa navegante. Tus dedos son la seda que despierta los montes que hay en mí en ligero roce. . Tumbada en esta alfombra yo te llamo y el eco me devuelve a mí tu nombre… Aún sola me resigno a que mis manos sean protagonistas de esta historia. . El blog de Lucía Conde es una delicia para los sentidos, las emociones y el pensamiento que no puedes dejar …

Cuando la imaginación se desboca… Impúdicos ensueños contigo, Dalí y Gala

No sé por qué siento una predilección especial por la espalda. Cada parte de la anatomía humana tiene su atractivo especial. Pero, no sé por qué, la espalda me resulta particularmente sensual… Contemplar tu espalda desnuda, querida amiga, ha traído a mi memoria a esa Gala que Dalí pintó en 1960 -y lo confieso- ha provocado en mi imaginación ensueños impúdicos en los que tú y yo compartíamos una noche de pasión en nuestro refugio secreto con Dalí y Gala. Se ama porque se ama… Yo amo a Dalí, con su locura -que no es tal- y con su genialidad inimitable. Y por Dalí amo a Gala. De Elena Ivanovna Diakonova –Gala– se ha hablado mucho… y no siempre bien. Pero yo prefiero quedarme con la historia que nos cuenta el maestro Juan Carlos Boveri, en su blog Historias de Amores (a la se puede acceder directamente, pulsando sobre el nombre del blog). Contigo, Dalí y Gala podría estar en el azul mediterráneo de una cala cerca de Cadaqués, paseando por la Vía Láctea o …

Un domingo de verano

Esta tarde de verano me siento vencido por el calor, a punto de caer desplomado, y no me apetece hacer nada de lo mucho que tendría que hacer. Sólo me apetece estar tumbado en agradable compañía, como los protagonistas de ese Idylle d’été que pintó el belga Auguste Levêque en 1918… y podemos ver arriba. Pero más fresco aún que ellos. Añoro el mar.

La última página de la novela

Pocos placeres conozco (algunos hay pero dejo su comentario para otra ocasión) como entregarse sin prisas a la lectura de un buen libro. Y si es una novela, disfruto cuando la imaginación vuela libre imaginando que formo parte de ella. Luego, al terminar, como dicen que ocurre cuando se ve el final de la vida, pero mucho más despacio, las imagénes que han conformado ese pequeño trozo de vida que es la novela vuelven a mi mente recreándome en su recuerdo. No sé si tú has sentido algo así. Y me pregunto que pasaría por la mente de esta dama que retrató Ernest-Édouard Martens en 1903 al acabar de leer su novela.