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Vacaciones en la Italia de los años cincuenta y sesenta

Tengo pendiente responder con la atención que merece el reto planteado por la encantadora Patricia, autora del blog Big Ben Antigüedades y Coleccionismo. Pero mientras decido y hago (que soy lento para todo) sigo con mis fantasías. Y ya que no puedo tomarme unos días de descanso como me gustaría -al contrario, el trabajo se me acumula en estas fechas estivales- me apetece un viaje en el tiempo y el espacio hasta llegar a aquella Italia de mediados del siglo pasado. Italia ejerce una atracción mágica para mí y Roma -que ha sido durante siglos el centro del mundo- se convierte hoy en mi destino de ensueño. Mas como en un blog como éste todo es posible, no me traslado a la Roma actual sino a aquélla que, en 1953, sirvió de decorado a la belleza incomparable de Audrey Hepburn (hasta cuando abre la boca para comerse un helado) en Vacaciones en Roma, la película que marcó el inicio del idilio de la actriz con la Ciudad Eterna. Si te apetece leer más sobre Audrey …

El poder de la música

Es fascinante el poder evocador de la música. Cuando no estás me basta con cerrar los ojos y escuchar alguna de esas melodías que tú y yo hemos oído abrazados… …Y ya estás conmigo. *La primera pintura, Kindred Hearts, es obra del estadounidense Mark Arian. La última, El abrazo, como queda dicho al pie, del ecuatoriano Santiago Carbonell. La cálida bielorrusa Tatyana Ryzhkova interpreta a la guitarra una de mis composiciones preferidas, la Fantasía sobre motivos de la Traviata de Verdi, que suele atribuirse a Francisco Tárrega, uno de los más grandes compositores románticos españoles; aunque -según acreditados historiadores- es obra de otro gran guitarrista y compositor español y andaluz: Julián Arcas.

Cuando la imaginación se desboca… Impúdicos ensueños contigo, Dalí y Gala

No sé por qué siento una predilección especial por la espalda. Cada parte de la anatomía humana tiene su atractivo especial. Pero, no sé por qué, la espalda me resulta particularmente sensual… Contemplar tu espalda desnuda, querida amiga, ha traído a mi memoria a esa Gala que Dalí pintó en 1960 -y lo confieso- ha provocado en mi imaginación ensueños impúdicos en los que tú y yo compartíamos una noche de pasión en nuestro refugio secreto con Dalí y Gala. Se ama porque se ama… Yo amo a Dalí, con su locura -que no es tal- y con su genialidad inimitable. Y por Dalí amo a Gala. De Elena Ivanovna Diakonova –Gala– se ha hablado mucho… y no siempre bien. Pero yo prefiero quedarme con la historia que nos cuenta el maestro Juan Carlos Boveri, en su blog Historias de Amores (a la se puede acceder directamente, pulsando sobre el nombre del blog). Contigo, Dalí y Gala podría estar en el azul mediterráneo de una cala cerca de Cadaqués, paseando por la Vía Láctea o …

La última página de la novela

Pocos placeres conozco (algunos hay pero dejo su comentario para otra ocasión) como entregarse sin prisas a la lectura de un buen libro. Y si es una novela, disfruto cuando la imaginación vuela libre imaginando que formo parte de ella. Luego, al terminar, como dicen que ocurre cuando se ve el final de la vida, pero mucho más despacio, las imagénes que han conformado ese pequeño trozo de vida que es la novela vuelven a mi mente recreándome en su recuerdo. No sé si tú has sentido algo así. Y me pregunto que pasaría por la mente de esta dama que retrató Ernest-Édouard Martens en 1903 al acabar de leer su novela.

Añoranza

India Martinez canta la canción de Rosana Arbelo… y yo intento hallar tu imagen por encima del mar de nubes que me rodea, como aquel caminante de Caspar David Friedrich.

Pesadilla con final feliz… o no

La mañana amaneció triste. Teñida del color gris con el que se pintan los días en tu ausencia. Fuera la lluvia golpeaba persistente el cristal de la ventana cuando mi amigo se levantó y anduvo lo justo para dejarse caer en el sofá… No, no parecía que esta última hubiera sido una de sus memorables noches de pasión… Preparé café para los dos. Le ofrecí una taza y me ofrecí a mí mismo para escucharle. -¿Qué te ocurre, amigo? -Pregunte. Me contó que había tenido una pesadilla terrible. Creía haber muerto… que era un fantasma. Te veía; pero tú a él no. Intentaba tocarte; pero no le sentías… Se desesperaba pensando que nunca más podría sentir la emoción de estrecharte entre sus brazos, acariciarte, besarte… Que estabas sola y era imposible para él hacer que supieras que estaba junto a ti… Lloraba, y las lágrimas empañaban sus ojos como la lluvia los cristales de la ventana… Dicen que los sueños nunca acaban mal, por horribles que sean, aunque sean auténticas pesadillas, porque uno se despierta …