Mitología, Pintura
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La manzana de la discordia

Allá en el monte Pelión, los dioses todos y un numeroso grupo de mortales, de la más alta alcurnia, disfrutaban con deleite y jolgorio la boda de Tetis y Peleo, aquéllos que con el tiempo serían los padres del poderoso Aquiles. Aunque, en verdad, no todos los dioses griegos se hallaban presentes en la suntuosa boda. Sólo una no había sido invitada por motivos obvios: Eris, la diosa de la discordia.

Pero en el apogeo de la fiesta apareció ella, altiva y displicente, y como no la dejaban pasar arrojó con desdén a la mesa principal una manzana de oro.

Para la más bella –dijo sibilinamente con voz lo suficientemente alta para que la oyeran todos.

Al punto, Hera, Atenea y Afrodita iniciaron una agria disputa, proclamando cada una ser merecedora -por su propia belleza- de la manzana dorada.

Zeus, que tan astuto era a la hora de seducir a toda diosa o mortal que encendiera su pasión desenfrenada, decidió esta vez no tomar partido y declinar sus funciones como juez supremo -posiblemente para evitar desagradables conflictos con su legítima esposa y hermana, con su hija partenogenética, o con la nacida de la espuma del mar (una chica con la que costaba discutir)- y no se sabe con que intención, para dirimir la controversia, remitió a las tres diosas acompañadas por Hermes a un tal Paris, hijo de Príamo, hermano de Héctor, el cual andaba entonces por aquellas tierras ejerciendo el pastoreo.

Sobre lo que ocurrió después habremos de hablar porque… “se armaría la de Troya“.

El cuadro de la cabecera es obra del gran pintor flamenco Jacob Jordaens y se encuentra en el Museo del Prado. Pero me pregunto quienes son esas dos voluptuosas criaturas que, aprovechando la confusión del momento, se han escondido -más o menos- en la floresta, con una bien surtida cesta de frutas, para entregarse con gozo a los placeres sensuales. Me parece que los novios no son, precisamente…

Jan Sadeler (c.1550-1600). "La boda de Tetis y Peleo". Óleo sobre cobre (c.1580-1600). 24 x 33,5 cm.

Jan Sadeler (c.1550-1600). “La boda de Tetis y Peleo”. Óleo sobre cobre (c.1580-1600). 24 x 33,5 cm.

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12 Comments

    • Me parece una sabia opinión, Selene, propia de una diosa como tú. Yo opino igual, por cierto, aunque no tenga nada divino… Pero, como dices ser fácil de contentar, a tu disposición me tienes, y prometo hacer todo lo posible para que quedes muy muy contenta.
      Besos lunáticos, querida.

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  1. Rosa Ave Fénix says

    Supongo que ni más ni menos que los recién casados… preferian dedicarse a au amor que es más importante que las discordias.

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    • La experiencia me dice, querida Rosa, que los celebrantes no son precisamente quienes más facilidad tienen para holgar en el banquete. Además, me parece verlos al fondo, atendiendo a los típicos invitados que, o bien le desean los mayores parabienes, o bien se quejan de la temperatura del local (aunque esté al aire libre como en este caso). Te digo, por otra parte, que Tetis no amaba a Peleo, a pesar de lo buen muchacho que era, y que su boda fue una imposición para dar cumplimiento a una profecía…
      No, yo creo que quienes retozan son esos amigos jovencitos de los novios, cachondillos ellos, que aprovechan la más mínima ocasión para dar rienda suelta a sus apetitos. Y estos, aunque lleven fruta, son de los que les gusta la carne.
      Gracias querida por tu muy apreciado comentario. Y si lo deseas, nos vemos dentro de unos días en un juicio.
      Besos mitológicos.

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      • Rosa Ave Fénix says

        Gracias por la aclaración, debo confesar que no sabía quienes eran, habitualmente cuando encuentro algo que no se, lo busco en internet… tonta de mi, esta vez no lo he hecho, gracias de nuevo. Te mando también besos mitológicos, aunque en la mejilla y personalmente sabrían mejor!!!!!

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      • De nada, Rosa, querida. Es un placer leer tus comentarios. Y hablando, aclaramos lo que sea.
        Respecto a esos besos mitológicos, que ya saben a ambrosía -la bebida de los dioses- no me cabe duda de que, en persona, saben a gloria del Olimpo.

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  2. Es lo que tienen las bodas… Siempre hay alguien que trae la discordia. Veo que las cosas no han cambiado a pesar de los siglos.
    En cuanto a la parejita cariñosa, apuesto a que son invitados… No sé… Cupido y Psique, quizás. Aunque si él es Cupido ha recogido las alas.

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    • Ni idea, Martín. Soy un soltero empedernido que siempre lo ha pasado bien en las bodas ajenas; pero sin llegar a lo de estos chicos del cuadro. Y me temo que no voy a saber quienes son esos dos. Cupido no creo. No se ve ni una plumita de sus alas… 😉

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    • La manzana está presente en los mitos de las distintas culturas desde el principio de los tiempos. La manzana que mordieron Adán y Eva… (me hubiera gustado que se dedicaran a otras frutas, para poder seguir todos disfrutando desnudos los placeres del Paraíso) 😉 Las manzanas doradas del Jardín de las Hespérides, de las que tuvo que apoderarse Hércules en uno de sus portentosos “trabajos”… Las manzanas doradas que custodiaba Iddhún, la diosa de la eterna juventud, en la mitología nórdica… La “Isla de los manzanos” del ciclo artúrico, adonde iban los guerreros muertos en batalla… La manzana a la que Guillermo Tell tuvo que disparar sobre la cabeza de su hijo (un nuevo Isaac, dispuesto para el sacrificio)… Incluso la manzana que despertó violentamente de su siesta bajo el árbol a don Isaac Newton…

      Pero, respondiendo a tu pregunta, mi querida y admirada Aquileana, supongo que te refieres a la manzana de Blancanieves, que no era dorada sino roja, muy roja; pero tan envenenada como la de Eris… Suerte que el antídoto era un beso principesco.

      Yo, como no soy príncipe, carezco de ese efecto terapéutico; pero te ofrezco mis besos en una manzana verde, del verde que quería Federico García Lorca. Y, por cierto, en la manzana que te envío está escrito “Kallisti” para ti.

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      • Genial reseña de ciertas manzanas de acuciante valor en la cosmogonía popular y en la literatura, concretamente.
        Gracias por la dorada manzana…. Qué honor, Pablo…. Yo creo que sí eres un príncipe … Un abrazo. Aquileana 😀

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      • Gracias a ti, Aquileana querida.
        Gracias también por lo de “príncipe”. Aunque sea más republicano que monárquico, es un placer que me lo digas tú, una diosa que venero. 🙂
        Un abrazo muy grande, querida.

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