Mitología, Pintura, Venus
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Amor de madre: Venus y Eneas

La web del Museo del Prado explica así este cuadro del pintor academicista francés Merry-Joseph Blondel (1781-1853):

“Describe un pasaje concreto de Virgilio (Eneida, XII, 383-424): Eneas, herido durante su lucha contra Turno, recibió en secreto la visita de su madre, Venus, para sanarle. Mientras el héroe era atendido por el anciano Yépige, la diosa intervino escondida entre oscuras nubes para no ser descubierta. Tras la intervención divina, el héroe daría muerte a su enemigo, poniendo punto final a la epopeya narrada en la Eneida.”

Efectivamente, vemos como Venus, practicando el nudismo como en ella era habitual y muy frecuente entre los personajes mitológicos (de hecho, todos los de esta pintura aparentan ser nudistas) 🙂 y acompañada por su casi inseparable Cupido, vierte unas gotas de elixir sobre el cuerpo (las heridas no se ven) de su hijo Eneas, el que no mucho tiempo después de este episodio se convertiría en el “padre de los romanos”. No sería yo quien denunciara a la diosa por intrusismo profesional ante el Colegio Médico por esta acción sanadora. Y no la denunciaría por dos motivos: uno, porque al ser diosa se le puede permitir lo que a los simples mortales no nos estaría permitido; pero, sobre todo, por ser madre… ¿Quién puede impedir que una madre haga todo los posible por el bien de sus hijos?

Es bien sabido que Venus ha sido siempre francamente liberal en sus relaciones sexuales. Lo mismo hace el amor con dioses que con héroes o con cualquier mortal con el que se encaprichara. Eneas, en concreto, fue fruto de su pasión erótica por el troyano Anquises (unos dicen que era un pobre pastor y otros -posiblemente para incrementar el valor de la genealogía de Eneas– que era un príncipe). Cabe mencionar que, ya fuera pastor o príncipe, Anquises, algo más bebido de la cuenta, no pudo resistirse a presumir de sus encuentros sexuales con la diosa. La verdad, yo hubiera hecho lo mismo si no supiera lo que pasaría después. ¿No presumía el torero Luis Miguel Dominguín de sus noches enteras “en vela” con Ava Gardner? Y Ava Gardner no era Venus… aunque le faltara poco. El caso es que Zeus (Júpiter para los romanos), el dios supremo (tan infiel, lúbrico, libidinoso y lascivo -él mismo- como celoso y vengativo con los demás) le mandó un rayo al deslenguado Anquises que le dejó cojo, según unos, o ciego, según otros. Por eso (y porque ya era muy mayor también) vemos como Eneas, buen hijo, lo lleva a hombros cuando huían de la arrasada Troya, en un cuadro de Federico Barocci.

Federico Barocci Eneas huyendo de Troya 1595

Federico Barocci. Eneas huyendo de Troya con su padre Anquises en brazos (1598). Galleria Borghese

Aunque, precisamente, en el cuadro que acabamos de ver ella no aparece, y a pesar de sus múltiples actividades (fundamentalmente eróticas) mamá Venus no pierde de vista a su amado hijo Eneas. Y así la encontramos, por ejemplo en esta otra pintura, de Luca Giordano, cuando Eneas derrota definitivamente a Turno, el rey de los rútulos que habitaban las tierras donde luego se asentaría Roma.

Aeneas_and_Turnus Luca Giordano

Luca Giordano. Eneas derrota a Turno. Galería Corsini (Florencia)

O en esta otra pintura, de Nicolas Poussin, que representa un capítulo anterior de la Eneida, cuando Venus le entrega a Eneas las armas que ha forjado Vulcano (su legítimo -y bien adornado de cabeza- esposo, que todo hay que decirlo). 😉

Venus-Presenting-Arms-to-Aeneas-Poussin

Nicolas Poussin. Venus presenta a Eneas las armas que ha forjado Vulcano (1639). Museo de Bellas Artes. Ruan (Francia)

En fin, para concluir este escrito, nos falta hablar del anciano que atiende a Eneas en el cuadro con el que lo iniciábamos. Se trata de Yépige -o habría que decir más bien Yápige– todo un personaje. Hijo de Yaso y, por tanto, nieto de Esculapio, el dios de la Medicina. Su bisabuelo Apolo le quería mucho, y “le otorgó el don de la profecía, el arte de saber tocar la lira y de la medicina”, nada menos. Se puede decir que era el médico personal de Eneas, cuando mamá Venus le dejaba ejercer. Y -qué se sepa- tampoco él denunció a la diosa por intrusismo. ¡Faltaría más! Otra imagen del médico Yápige la encontramos en un fresco de la casa de Sirico, en Pompeya, donde le vemos extrayendo una punta de flecha de la pierna de Eneas (al que cicatrices no le faltan), con el hijo del héroe, Ascanio, llorando por su padre y, por supuesto Venus, quien -según parece- prefería dejarle a él las intervenciones quirúrgicas.

Yápige

Yápige extrayendo una punta de flecha de la pierna a Eneas. Fresco de la casa de Sirico, en Pompeya. Siglo I. Museo Arqueológico Nacional de Nápoles

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